Por Fernanda Soza, directora ejecutiva de ChileMass.

Publicada en el Diario La Segunda (Chile) el 10 de febrero de 2026

La carrera ya no es entre países, sino entre sistemas de innovación”, afirmó recientemente Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, la instancia que cada año reúne en Davos a jefes de Estado, CEOs y líderes globales. La frase no es retórica. En un momento en que Chile inicia un nuevo ciclo político y el debate sobre crecimiento, productividad y desarrollo está en el centro de la agenda, vale la pena hacerse una pregunta incómoda pero urgente: ¿estamos sentados en las mesas donde hoy se decide cómo el conocimiento se convierte en impacto económico y social?

En un mundo marcado por inteligencia artificial, tensiones geopolíticas y competencia global, esa participación ya no ocurre de manera espontánea: requiere una diplomacia científico-tecnológica activa, capaz de conectar talento, instituciones y capacidades nacionales con los espacios donde se definen estándares, alianzas y prioridades globales. Quedarse fuera de esos sistemas no es una opción neutra.

El Global Innovation Index 2025, publicado en septiembre pasado, ubicó a Chile en el puesto 51 entre 139 economías evaluadas, liderando a América Latina y el Caribe. El resultado refleja fortalezas relevantes en infraestructura, capital humano e institucionalidad, pero también deja en evidencia una brecha persistente entre las capacidades que el país ha construido y su traducción en resultados productivos de mayor escala. Muchos compartimos que las ideas no se construyen en aislamiento. En esa línea, para que un proyecto, tecnología o emprendimiento chileno logre crecer y proyectarse, necesita salir a probarse, contrastarse y dialogar con otros entornos. En una economía que en 2025 representó cerca del 0,3 % del PIB mundial, el mercado chileno es limitado por definición; por ello, la internacionalización deja de ser un complemento y se convierte en una herramienta clave para aprender, comparar y competir.

Un ejemplo reciente y especialmente ilustrativo es la incorporación de Chile como Estado Miembro Asociado del CERN, la Organización Europea para la Investigación Nuclear, el mayor laboratorio de física de partículas del mundo y uno de los centros científicos más influyentes a nivel global, donde se han realizado avances clave como el descubrimiento del bosón de Higgs y la creación temprana de la World Wide Web. Tras décadas de colaboración entre instituciones chilenas y el CERN, la ratificación unánime por parte del Congreso Nacional formaliza una nueva etapa de cooperación científica y tecnológica para el país. Más allá de su valor simbólico, este tipo de vinculación con redes globales de excelencia permite elevar estándares, acelerar aprendizajes y abrir oportunidades que difícilmente podrían consolidarse en aislamiento. La experiencia internacional es clara: la infraestructura o el talento por sí solos no bastan; el verdadero salto ocurre cuando se conectan con ecosistemas globales de investigación, transferencia tecnológica y colaboración científica.

Desde hace casi una década, ChileMass ha sido parte activa del ecosistema de innovación de Boston, Massachusetts, uno de los polos más dinámicos del mundo. Luego de que más de 200 startups chilenas han pasado por nuestros programas de internacionalización, más de 100 profesores chilenos han sido capacitados en Boston y decenas de delegaciones tecnológicas han viajado con nosotros, nuestra experiencia confirma que la conexión internacional no solo amplía oportunidades, sino que también reduce de manera concreta las brechas entre la capacidad técnica y el impacto real. Conectar talento chileno con ecosistemas consolidados no busca replicar modelos externos, sino tensionar lo propio, elevar exigencias y acelerar procesos que, en contextos cerrados, toman mucho más tiempo.

Hoy el país cuenta con una base relevante de instituciones públicas, privadas y académicas con trayectoria y reconocimiento regional. El desafío pendiente no es seguir acumulando capacidades, sino avanzar hacia una etapa de mayor escala, donde los esfuerzos realizados se traduzcan en crecimiento productivo, empleo de calidad y soluciones con proyección internacional. Para ello, la conexión internacional no puede ocupar un rol periférico, sino integrarse al centro del debate sobre desarrollo y futuro económico. Chile no enfrenta un problema de talento ni de ideas, sino de conexión y escala. En un mundo que se reorganiza aceleradamente, la oportunidad está en integrarnos activamente a los espacios donde el conocimiento se contrasta y se convierte en impacto. Aún estamos a tiempo, si asumimos este desafío como una prioridad estratégica.